1ra CARTA a mis hijos / 2018, Concón, Chile.

Hola hijos míos Hoy es viernes. viernes 4 de mayo de 2018. Primera semana de mayo. A pesar de ser un día marcado en el calendario en el mes de mayo, un día otoñal; el sol brilla desde temprano en el jardín y el ánimo está de maravillas. Ha llegado el momento. Estoy frente al teclado, y mientras escribo escucho a Hugh Lurie en Argentina. Estaba retrasando la creación de este blog. Hace un tiempo me persuadí de escribir un semanario de vida, desde mi experiencia de padre. Una experiencia muy similar a la de una madre. Ambos tienen en común la improvisación y el amor a sus críos. La paternidad y la maternidad se aprenden en el aula del acierto error. En el caso nuestro, tengo la dicha infinita de tener hijos nacidos en el nido del amor. Ninguno de ustedes es resultado de un error de cálculo. Ni de un preservativo defectuoso que se le pasó al encargado de Control de Calidad... ¡No sois un aborto fallido! ¡Sois hijos del amor! Guaguas adoradas, bebés deseados y esperados con ansias. Cada uno de ustedes en su hora fue la noticia más importante del año. Sus primeros llantos y sus primeras risas se viralizaron en todo mi cuerpo, en cada molécula. Y aún las atesoro en algún sitio del cerebro y el estómago (el otro cerebro) Aquí sentado me parece verlos de reojo jugando en el espacio. Un espacio seguro y tibio. Es más que una casa. Más que un hogar. Es un espacio sentimental. Que se recrea cada tanto. Que puedo llevar conmigo donde que quiera que vaya. Einstein planteó la teoría del espacio tiempo. De un espacio que se crece y crece. En un tiempo que se relentiza en la misma medida que viajamos al pasado a una velocidad cuántica. Y es verdad. Mi mente se va al pasado y el tiempo se va deteniendo. Los veo de un año. De dos, de cuatro. Pero los voy perdiendo como a los 15 años. Debe ser la entrada del ser humano en la edad de la adolescencia. Dicho en términos antropológicos ésa es la época del antropocentrismo. El Hombre (hombre/mujer)es la medida de todas las cosas. El ombligo es lo más importante. Y el Hombre es el ombligo del mundo. Sólo que a algunos el ombligo los sobrepasa y los aplasta. Que no nos pase eso. Un rato está bien. Pero no demasiado. Y claro, que es importante poner el foco en uno mismo. Como para conocernos, digamos. De ahí el aforismo "Conócete a ti mismo" (El aforismo ha sido atribuido a varios sabios griegos antiguos: Heráclito, Quilón de Esparta Tales de Mileto, Sócrates, Pitágoras, Solón de Atenas. Y otras fuentes lo atribuyen a Femonoe, una poetisa griega mítica. Me quedo con esta última) Pero no debemos olvidar que si bien al conocernos mejor a nosotros mismos; también conocemos a los demás; esto a la vez funciona en la dirección contraria: conoce a los demás y te conocerás a ti mismo. Somos el mismo barro. En suma, somos uno. Bueno, dejo hasta acá este primer capítulo. Quiero acertar esta vez. Quiero poner al alcance de sus vidas una parte de mi vida. Quiero usar esta tecnología al servicio de la comunicación y del amor filial. El amor de un padre que todos días piensa en sus hijos. Que sufre por la distancia y el silencio. Y también con sus temores y dolores. Que disfruta con sus triunfos (los que me cuentan) y que desea verlos felices. Que sean felices. Que sean sabios Que no cometan los mismos errores que cometí yo. Y de esa forma logren más seguridad en sí mismos. Más claridad en el porvenir. Y no tengan ninguna culpa de nada. Los quiero. Y espero saber de ustedes. Nadie en este mundo les será más franco y veraz. Aunque la verdad sea dura y duela, a la larga libera. Como dijo Jesús "la verdad os hará libres". Sus comentarios son mi propina!! jajajajja El papá. ( Concón, mayo de 2018 )

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